Haiku VII
Aires de otoño
inundan los jardines
de la nostalgia.
© Trini Reina
El cuerpo duda,
pues no siendo verano
frío no hace.
Haiku VI
Tarde de lluvia,
El jardín suspendido,
la rosa alerta.
© Trini Reina
Gotas, espejos,
los pétalos, alfombras,
tu rojo, mi deseo.
Senryu XV
En cada beso
el deseo cabalga
entre los labios.
© Trini Reina
Besos robados,
furtivos o deseados,
pero dámelos.
Senryu XIV
Nada tan triste
como un alma aquejada
de indiferencia.
© Trini Reina
Miras y no ves,
no sabes ni contestas
pues estás muerto.
Senryu XIII
Las ilusiones
transitan los andenes
del espíritu.
© Trini Reina
Me llaman así,
iluso, por querer ser
tus ilusiones.
Senryu XII
En la memoria
conviven los fantasmas
que nos forjaron.
© Trini Reina
Ceniza eres
de vivencias quemadas
por el sol diario.
Senryu XI
No te confíes
las anchas soledades
nos contaminan.
© Trini Reina
Alma en pena,
que mirando ve gente
y no la siente.
Haiku V
Las jacarandas
llameando violetas
alumbran calles.
© Trini Reina
Feliz paseo,
flores como luceros
guían senderos.
El azar o la necesidad
Esta mañana cogí el autobús como de costumbre. No pude sentarme, así que iba de pie leyendo un libro de los más vendidos actualmente con el que llevaba tres o cuatro días.
Trata de la misteriosa desaparición de una chica ocurrida hace muchos años y de la investigación que se lleva a cabo para resolver el caso. A mi lado, de pie también, iba una chica joven que igualmente leía un libro. Tengo la insana costumbre de echar un vistazo a los libros ajenos. Siento curiosidad por saber lo que lee la gente y si no puedo ver la portada, intento leer algo de la página que en ese momento estén leyendo, por si lo conozco. Si luego esa persona me pisa y no me pide disculpas siempre le puedo contar el final.
Resultó que estaba leyendo el mismo libro que yo porque reconocí el nombre de la desaparecida, pongamos por caso Catalina. Más o menos se leía:
- ¿Cómo es que desapareciste Catalina sin dejar ni una maldita nota? Te creíamos muerta . ¿Cómo te ha ido todos estos años?.
Mire hacia abajo y era la página 557 o por ahí, 300 más de las que yo llevaba leídas.
Me entró una rabia tremenda y pensé si el azar o la necesidad me habían llevado a coger aquel autobús y mirar el libro de esa chica que iba a mi lado, así que en contrapartida, cuando estaba llegando a mi parada, le pegué un pisotón y me bajé rápidamente.
Haiku IV
De madrugada
las sombras y la luna
se confabulan.
© Trini Reina
No es oscura
la noche, si la luna
con los ojos ves.
